Un hombre camina sigiloso por la acera de una zona muy peligrosa. Está buscando alguien que le venda pasta base de cocaína; es para una chica que tiene esa adicción, y él quiere conquistarla. Él pretende impresionarla con la droga y tal vez lograr que se quede en su departamento toda la noche.
Al acercarse a una esquina se da cuenta de que hay una bruja que le puede ayudar con su objetivo. Con ella se encuentra una pareja de muy mal aspecto que intenta convencer a la proveedora del narcótico de que les fíe una porción de mercancía, a cambio de una bicicleta que la pareja trae consigo. La bruja, una mujer negra joven, conoce muy bien su negocio y no esta dispuesta a aflojarles ni una sola dosis a no ser que se le cancele en efectivo.
El hombre se detiene, observa a la distancia como acontece el regateo y cómo comienza la súplica. La bruja se enoja y la pareja se retira unos metros, no están dispuestos a perder tan fácilmente.
El hombre decide acercarse a la mujer negra, lo hace.
Bruja: ¿A ver qué busca papito? ¿Cómo se le ayuda?
Hombre: A ver. Doce déme.
Bruja: Ya papi, aquí le vamos a dar bien. Tenga, tenga, ¡Rápido! Coge.
La mujer saca de su bolsillo cuatro fundas de plástico y se las entrega, él le entrega el dinero y se aleja unos pasos. Piensa que no ha estado mal para ser la primera vez. Se aleja menos nervioso que hace unos pocos minutos. Está a punto de cruzar la calle. Se da cuenta de que el hombre que estaba con la mujer y la bicicleta se acerca a él con gran apuro y una increíble cara de ansiedad. El hombre, apurado, cruza la calle; el otro lo sigue.
Hombre de bicicleta: Para pana, para.
El hombre de la bicicleta lo intenta sujetar por el brazo, pero él se suelta con brusquedad y se sube en un bus que milagrosamente está pasando por ahí. No obstante el hombre de la bicicleta no quiere perder su presa y se sube al autobús tras él.
Hombre: Ayuda, me roban. ¡Me roban!.
Hombre de la bicicleta: Pasa, chucha, pasa.
El hombre de la bicicleta le rebusca los bolsillos ágilmente, el otro se defiende (tiene las fundas en la mano). El bus está lleno, todos miran lo que está pasando.
Chofer del Bus: A ver ¿Qué pasa? ¡ Puta!
Hombre: Este care verga me quiere robar. Suéltame, ya.
El controlador del bus se les acerca, el bus se detiene; el conductor se levanta de su asiento.
Controlador del bus: A ver a ver.
El hombre avanza en el bus, se coloca tras el controlador que es un hombre muy alto y robusto.
Hombre de la bicicleta: No pasa nada, no pasa nada. Vea yo soy del GIR. INTERPOL. Este hombre aquí tiene drogas. (intenta acercarse al bolsillo del hombre) Tiene que bajar conmigo.
Chofer del bus: ¿Qué vas a ser del GIR? ¿con esa cara?
El hombre de la bicicleta: Trabajo de encubierto.
Chofer del bus: Ya bájate, ¡bájate!
El hombre de la bicicleta, esquivando al controlador, se avalancha hacia el otro hombre, este llega hasta la parte posterior del bus. Hay un par de mujeres que gritan. Todos están muy pendientes de lo que sucede. Entre el controlador y el hombre perseguido logran sacar a empujones al hombre de la bicicleta por la puerta posterior del bus. Este, ya en la calle, se queda mirando a su adversario y le sonríe, intenta entrar de nuevo, no lo consigue. El bus arranca.
Una anciana: ¿Está bien? ¿Qué pasó?
Hombre: Me quería robar.
A la chica no le gustaba la pasta base, sólo consumía clorhidrato de cocaína. No se quedó a dormir.
Guión - Pedro Cagigal
1 comentarios:
que cague... el final es un tanto brusco. Del GIR, simón, jajajja
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