domingo, 6 de julio de 2008

Yo voy a matar a Roberto Bonafont

Mi tablita es bonita, grande pesada y liza, proviene de excelente madera, es mi amiga y es buena. Con ella asesinaré al locutor, es la mejor manera de utilizarla. Sacar provecho de las cosas simples es un don, y no cualquier don como mi vecino de arriba.
Esperaré a un partido de importancia, uno en el que la selección gane, si se da el caso, el caso del juzgado se dará después. Aguardando fuera del estadio estaré con mi tablita linda. Preparado para las entrevistas de celebración, y mientras el susodicho abogado pregunta sobre las proveniencias de los fanáticos, me acercaré sigiloso.
El cliché es fundamental, tiene que poetizar como yo no podré hacerlo jamás, tiene que alzar su mano en el aire y hacer un shuuum con sus labios. El momento adecuado será el éxito de la operación. Me acercaré descarado; avanzaré a empujones entre la masa y alzaré mi ennoblecida tablita azotando con todas mis fuerzas contra su cráneo. Requiere de un golpe sublime, no quisiera que sufra, además debido a la muchedumbre será muy difícil entablar un golpe de gracia, la gente lo defendería con su propio cuerpo, y a mí seguramente me lincharán, pero eso es lo de menos.
Puedo fantasear su inerte cuerpo en posición dificultosa sobre la acera, la sangre esparciéndose desde su cabeza y desde su efusiva boca, talvez un poco de sesos dejándose ver, morbosa huella de violencia.
Por supuesto debo aclarar que no odio de ninguna manera al abogado, si este fuese un acto de odio sería en contra del imbécil del Vito Muñoz, al cual detesto profundamente, pero él no merece el sacrificio. Este es un acto de amor, busco no más que la inmortalidad del queridísimo Roberto. Desgraciadamente no existen mejores maneras de convertir al personaje en leyenda, si esperamos a que se nos muera de viejo, caerá en el olvido, o peor aún, en la mediocridad de un héroe sin final adecuado.
La gente me odiará, si sigo vivo, y si la turba hizo conmigo, me odiarán igual. Pero la gloria del recuerdo caerá sobre el país. Sus comentarios se volverán palabras a repetir, y la recopilación de sus frases surgirán en los medios. Se llorará, se meditará. El deporte sentirá su ausencia y la trascendencia que intentó regalar al fútbol se trasladará de la cancha hacia su tumba.
Vida eterna al romanticismo. Viva Roberto Bonafont.

Pedro Cagigal, 2005.

4 comentarios:

paparazzi dijo...

nte estrofa, poetica, ahora ya sabemos si algo le pasa al poeta abogado, cual es el culpable de su muerte fictisia, aunque yo sea el asesino para culparte de esta poesia asesina en contra del poeta del fulbol.

Anónimo dijo...

Son unos envidiosos hijos de puta, yo c quien escribio eso...
Y si algo le llega a ocurrir a Roberto, no acompañaras a su velorio,
Estaras ™b, en el tuyo!

Martín dijo...

yo me conformo con pegarme unas bielas con el man.
me cae del putas.

Anónimo dijo...

el man es dato, yo prefiero q me rimes unas palabras mientras nos chupamos unas chelas..